Dos años despues 120 personas regresaron a sus antiguas viviendas en el corregimiento del Salado, ubicada en el Municipio del Carmen del Bolivar , después de la masacre provocada por los paramilitares en el año 2000.

El pasado 16 de febrero se cumplieron 24 años de la masacre del Salado, cuando fue invadido el pueblo por 300 paramilitares, que acabaron con la vida de 66 campesinos inocentes. La acción criminal consistió en torturas, degollamientos, violaciones y decapitaciones, una de las primeras víctimas fue el señor Eduardo Novoa, fue asesinado a sangre fría, empezaron arrancándole las orejas con un cuchillo y después lo apuñalaron en el vientre, le descerrajaron un tiro de fusil en la nuca. Por ultimo para celebraron su muerte, con  tambores y gaitas. La segunda de sus víctimas que según ellos colaboraba con la guerrilla era Namibias Osorio. La arrastraron del pelo desde su casa hasta el templo, La cogieron de burla delante de todo el público y por último la fusilaron. La siguiente víctima fue la señora Rosmira Torres Gamarra, le amarraron al cuello una soga y comenzaron a jalarla de un lado al otro, al tiempo que imitaban voces, La ahorcaron en medio de sonidos de tambores y gaitas.

Más tarde ametrallaron, sucesivamente, a Pedro Torres Montes, a Marcos Caro Torres, a José Urueta GuzmánFue.con un juego siguieron matando a muchos campesinos, dos de ellos fueron Hermides Cohen Redondo y a Enrique Medina Rico. En total fueron 6 personas asesinadas en el polideportivo, que fue construido con tanto esfuerzo por los campesinos del Salado.

En el año 2002, regresaron 100 hombres y 20 mujeres a reconstruir un pueblo fantasma, tratando de salvar algunas viviendas de la población, Al principio permanecieron gracias a las ayudas de los pueblos vecinos como lo fue Canutal, Canutalito, El Carmen de Bolívar y Guaimaral, ya que los habitantes de esos lugares les regalaban víveres, abrigos y pesticidas. Por las noches ellos dormían con miedo, pensando que los paramilitares volverían a atacarlos, el temor estaba arraigado a sus corazones. El Salado tiene la capacidad del perdón por sus habitantes, la fuerza de lucha de los más viejos, la alegría y progreso de los más jóvenes, las ganas de reconstruirse. Tiene la música como poder de resistencia, a pesar de que los causantes de esta masacre quisieron arrebatar la música de sus vidas no lo pudieron. Gracias a un psicólogo social que escucho sus testimonios y como consejos les dijo que bailaran, gozaran y así fue renacieron de nuevo.

El Salado es el lugar perfecto para olvidar. Porque no hay nada más vivo y natural que lo que encuentras en sus calles, en su gente, en sus historias. Porque ahora su música interpreta algo mucho mejor que el baile. La música volvió pero cambió, al igual que ellos. De los 7000 habitantes que había antes de la masacre, solo han retornado 900 y muchos de ellos se fueron cuando tenían diez años. Las personas que volvieron a su pueblo tienen otras costumbres, son más hijos de ciudad que de campo, las pocas costumbres que se llevaron a Bogotá siguen con ellos  y de solo volver a su pueblo natal llevan consigo muchas culturas del Salado.

 

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